Un periodista de la agencia alemana DPA le preguntó que qué le había dicho a sus jugadores en el descanso, cuando iban 1-1. José Mourinho respondió como presa de una pataleta, dejándose llevar por el mal humor: ‘Les dije que no pararan de cometer errores. Que el 1-1 era malo y que quería perder por 4-1 o 5-1’.

Las reacciones después de un 1-4. Un artículo de Diego Torres en El País.

(CB) “LA VICTORIA NO TIENE SUSTITUTO”, grita César Farías, ojos abiertos y pupilas dilatadas, drogado por el triunfo de Venezuela ante Colombia. Tan anfetaminado quedó, que hasta citó a Mister Chip, el master de las estadísticas, para argumentar que la vinotinto iba seguro a Brasil.  

Todos ven al Barcelona, pero después quieren que sus equipos ganen como sea

Juan Román Riquelme, que lo deja claro en Clarín.
(Fj) No se necesitaron catapultas ni onagros.

(Fj) No se necesitaron catapultas ni onagros.

(Fj) Traigan las catapultas, los onagros, los arietes.

(Fj) Traigan las catapultas, los onagros, los arietes.

(FJ) Hace poco Gary Neville visitó Chile por un par de días, y fue raro. Ya no lucía la polera roja —con ese mítico 2 que mostraba orgulloso— y en vez de la jineta del Manchester United portaba la representatividad burocrática y tan inglesa de los auspicios que adornan la mitológica y sanguínea familia de Old Trafford. Porque si algo le admiro al United es su capacidad de ser más que un club y reunir arquitectura carnal y trascendencia genealógica.
Para mí no era primera vez que Neville estaba en Chile. Mi infancia me la pasé pegado los fines de semana frente a la tele viendo la espléndida Liga Inglesa. Y año a año, semana a semana, partido a partido, aparecía él, feo pero no tan feo, con su pelo liso y cara parca tomando la pelota para servir un lateral a Ince, Keane, Beckham, Scholes, Fletcher, Ronaldo, Nani. Y así, sucesivamente, todos fueron pasando cada temporada y él se mantuvo eterno, como un roble, cumpliendo en Champions, Euros y Mundiales.  Hizo de la banda derecha su estancia y constitución. Para mí, los putos avisos comerciales de la parte inferior de la pantalla debían pedir permiso para entrar, y ensuciar la casa, el reino, de Don Gary Neville. Mínimo de respeto.
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El mito lo fue alimentando porque aparte de ser titular inamovible también tenía un hermano, Phil, personaje a quien el rol de “patito feo” no le pudo caer mejor. Phil Neville es por lejos el jugador inglés más abominable y poco agraciado que ha pisado los pastos británicos. Solamente la presencia de Clarence Acuña le impidió ganar por enésima vez el galardón a la fealdad, a lo tosco, a lo grosero, rústico, basto, torpe y salvaje. Sin embargo, ese rostro de esperpento escondía cualidades admirables: un cumplidor de ejército adicto a las labores sucias como perro de presa. Se ganó que Ferguson optara a veces por dar la responsabilidad de los laterales a la familia Neville. Siempre con el diestro como el lado más fuerte, claro. Para Phil, la nostalgia del hermano menor, del hijo segundón, del suplente, del último rincón. Como fue toda su vida. Todo lo que hizo Phil ya lo había hecho Gary. Si había que ir a la selección, Gary lo estaba esperando, si había que levantar una copa Phil debía dar un paso al costado, si había que jugar finales Phil solamente consumía minutos al costado calentando. Si había que mirar poleras Phil tenía el 3, uno después de Gary. Si había que nacer antes, obvio, Phil lo haría después. Si había que ser los Gallagher del United, Phil nunca iba a ser Liam.
La inabordable secuela del éxito-fracaso apareció por Old Trafford y la moneda negra cayó al lado de, quién más, Phil Neville. Su rendimiento caía a cuentagotas y los fichajes debían jugar más. Así lo entendió Sir Alex Ferguson para dejar partir en 2005 a Noel, perdón, Phil Neville. Se fue al Everton donde, hasta hoy, lo vemos recorriendo kilómetros con sudor y trabando con la muela. Con su rostro feo y cara rubia de prominente mandíbula. Ya está viejo, veterano, e impacta que no se nota: para mí Phil siempre fue así.
Por eso me asusta verlo a Gary tan calmado, exitoso, empresarial. Regó de elegancia al marcador de punta y quizás su cercanía con la tribuna lo hace ahora codearse como pez en el agua con el otro mundo, el otherside. ¿Pensará en su hermano que aún se mata en Liverpool?
En la visita vino acompañado de otras glorias United como Bryan Robson, Nicky Butt y, claro, el gran Bobby Charlton, el formidable ex jugador campeón del mundo hecho ya un hombre-institución en Gran Bretaña. En esa gloriosa comitiva viajera nunca estaría el pobre Phil. No da el ancho ni el largo ni el tipo. ¿Pero saben algo? Phil está presente en todos lados, incluso, porque le robó un título al pajero viejo Charlton. Con su hermano, el buen Gary, se transformaron en los últimos consanguíneos en vestir la camiseta inglesa de manera conjunta y oficial, haciendo añicos el último registro de don Bobby y su hermano Jack. Guerreros de la Rosa. Así que Bobby, tómate todo el vino Concha y Toro posible que vienes a promocionar y cuando mires a Gary transfórmalo en Phll. Bobby, cánsate que los Neville son casi tan grosos como tú. 

(FJ) Hace poco Gary Neville visitó Chile por un par de días, y fue raro. Ya no lucía la polera roja —con ese mítico 2 que mostraba orgulloso— y en vez de la jineta del Manchester United portaba la representatividad burocrática y tan inglesa de los auspicios que adornan la mitológica y sanguínea familia de Old Trafford. Porque si algo le admiro al United es su capacidad de ser más que un club y reunir arquitectura carnal y trascendencia genealógica.

Para mí no era primera vez que Neville estaba en Chile. Mi infancia me la pasé pegado los fines de semana frente a la tele viendo la espléndida Liga Inglesa. Y año a año, semana a semana, partido a partido, aparecía él, feo pero no tan feo, con su pelo liso y cara parca tomando la pelota para servir un lateral a Ince, Keane, Beckham, Scholes, Fletcher, Ronaldo, Nani. Y así, sucesivamente, todos fueron pasando cada temporada y él se mantuvo eterno, como un roble, cumpliendo en Champions, Euros y Mundiales.  Hizo de la banda derecha su estancia y constitución. Para mí, los putos avisos comerciales de la parte inferior de la pantalla debían pedir permiso para entrar, y ensuciar la casa, el reino, de Don Gary Neville. Mínimo de respeto.

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(CB) “Dios me bendició”, dijo Eduardo Daniel Arancibia Unger, el Pollo, el Pollito, luego de hacer un gol por la U con su camiseta 23, dos tallas más grande que su cuerpo. Mi papá, un hincha de la U que no se pierde ningún partido desde el televisor, detestaba al Pollito, y puteaba cada vez que entraba a jugar, fuera como suplente o titular. El Pollo Arancibia, de todas formas, se las arreglaba siempre para figurar con alguna buena jugada o algún gol milagroso. De hecho, si uno googlea fotos de la U campeón el 99, siempre aparece ahí, agachada en el medio, al lado de Tello o Valencia, la cabeza redonda y pelada del Pollo, el Pollito.
Muy seguramente, el Pollo no hubiese logrado lo que logró (después de salir campeón con la U estuvo un año en México, también en la Católica y Cobreloa) si no hubiese sido por su hermano Franz, el Otto. Cuando chico yo pensaba que Otto era el segundo nombre de Franz Arancibia, un delantero rápido pero inestable, con cara de alemán pero más chileno de lo normal. Su mejor época fue a mediados de los noventa, jugando en Temuco y Puerto Montt, aunque debutó en Magallanes y pasó un año por la U. Al igual que su hermano chico años después, vistió la camiseta azul, aunque Franz tenía una con su talla y le quedaba bastante bien. Fue en 1991, el auspiciador era FIAT, y su máximo legado fue el gol más rápido ese campeonato: a los 26 segundos en un empate contra Antofagasta. Pasó por el reality Pelotón, intentó sin éxito ser concejal, y de vez en cuando organiza partidos de showbol junto a su hermano, Eduardo, el Pollo, el Pollito Arancibia.
Este es el primero de una serie de posteos sobre hermanos en el fútbol. Hermanos buenos, hermanos malos, hermanos rivales y compañeros. Hermanos gemelos, mellizos y de los otros, los normales. Hermanos como Franz y Eduardo, que llegaron a Primera, gozaron de las luces, y hoy almuerzan los domingos en la desordenada casa de sus padres, junto a Roque y Alejandro, los hermanos menores.    

(CB) “Dios me bendició”, dijo Eduardo Daniel Arancibia Unger, el Pollo, el Pollito, luego de hacer un gol por la U con su camiseta 23, dos tallas más grande que su cuerpo. Mi papá, un hincha de la U que no se pierde ningún partido desde el televisor, detestaba al Pollito, y puteaba cada vez que entraba a jugar, fuera como suplente o titular. El Pollo Arancibia, de todas formas, se las arreglaba siempre para figurar con alguna buena jugada o algún gol milagroso. De hecho, si uno googlea fotos de la U campeón el 99, siempre aparece ahí, agachada en el medio, al lado de Tello o Valencia, la cabeza redonda y pelada del Pollo, el Pollito.

Muy seguramente, el Pollo no hubiese logrado lo que logró (después de salir campeón con la U estuvo un año en México, también en la Católica y Cobreloa) si no hubiese sido por su hermano Franz, el Otto. Cuando chico yo pensaba que Otto era el segundo nombre de Franz Arancibia, un delantero rápido pero inestable, con cara de alemán pero más chileno de lo normal. Su mejor época fue a mediados de los noventa, jugando en Temuco y Puerto Montt, aunque debutó en Magallanes y pasó un año por la U. Al igual que su hermano chico años después, vistió la camiseta azul, aunque Franz tenía una con su talla y le quedaba bastante bien. Fue en 1991, el auspiciador era FIAT, y su máximo legado fue el gol más rápido ese campeonato: a los 26 segundos en un empate contra Antofagasta. Pasó por el reality Pelotón, intentó sin éxito ser concejal, y de vez en cuando organiza partidos de showbol junto a su hermano, Eduardo, el Pollo, el Pollito Arancibia.

Este es el primero de una serie de posteos sobre hermanos en el fútbol. Hermanos buenos, hermanos malos, hermanos rivales y compañeros. Hermanos gemelos, mellizos y de los otros, los normales. Hermanos como Franz y Eduardo, que llegaron a Primera, gozaron de las luces, y hoy almuerzan los domingos en la desordenada casa de sus padres, junto a Roque y Alejandro, los hermanos menores.    

(Fj) Débil e infame todo aquel que para evaluar a Cristiano Ronaldo recurra al verbo “Messi”. Triste y corrosiva la masa que hermane el fenómeno Ronaldo con una proyección Mourinhista, independiente o esclavizada. Pobre, necia, ignorante y facilista la enorme red de “conservadores” que únicamente ven luz en los triunfos serenos, las gambetas sinceras, y el ¿full Fair Play? de Catalunya. Y, más aún, extraviada la despiadada, tendenciosa y cobarde afirmación de no incluir a Cristiano, no sólo entre los mejores del mundo, sino de la historia. Sí, Zlatan, a ti te escribo, amarga figura espigada, derrochador de talento y deudor eterno de sangre y entrega.
A Cristiano Ronaldo, como otros cracks de las décadas pasadas, le cabe el mejor timón posible, ese que ni se compara con uno, dos, tres, cuatro, o cinco balones de oro. El ex United porta -más bien portará- sobre sus hombros el título y escudo de haber cambiado el fútbol. La forma en que el gol se relaciona con los delanteros. Nada más ni nada menos. 
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De la revolución goleadora de Henry, la presencia sublime de Van Nistelrooy, el arte definidor del Gordo Ronaldo, el oportunismo de Inzaghi, la clase de Raúl, la ferocidad de Batistuta, Cristiano permutó los papeles y trasladó el juego a las orillas, con una velocidad en regate inigualable, el de Madeira fue desnivelando el rectángulo para encontrar nuevas rutas al cielo y rearmar el mapa ofensivo.
Año a año lo fue demostrando hasta hacerlo evidente a vista de ciegos y enfrentado a oídos sordos y resentidos. Porque CR7 compite contra él mismo y contra el mundo. Tamaña fuerza de voluntad para nunca haber caído merced de los millonarios deseos de verle arrodillado. Jamás. Ni el periodismo, ni el latinoamericanismo, estuvieron alguna vez de su lado a brazo torcido. Se le acusó de todo, se le juzgó por todo.
Hoy, padre, maduro, silente, imponente, importante, eléctrico e impredecible, se me viene a la mente su declaración más real y certera como el mejor de sus bombazos: “Soy guapo y rico”, estocada de fuego y sangre que se clava y hunde en los débiles e infames, sí, esos que no pueden dejar de saborear el verbo “Messi”.

(Fj) Débil e infame todo aquel que para evaluar a Cristiano Ronaldo recurra al verbo “Messi”. Triste y corrosiva la masa que hermane el fenómeno Ronaldo con una proyección Mourinhista, independiente o esclavizada. Pobre, necia, ignorante y facilista la enorme red de “conservadores” que únicamente ven luz en los triunfos serenos, las gambetas sinceras, y el ¿full Fair Play? de Catalunya. Y, más aún, extraviada la despiadada, tendenciosa y cobarde afirmación de no incluir a Cristiano, no sólo entre los mejores del mundo, sino de la historia. Sí, Zlatan, a ti te escribo, amarga figura espigada, derrochador de talento y deudor eterno de sangre y entrega.

A Cristiano Ronaldo, como otros cracks de las décadas pasadas, le cabe el mejor timón posible, ese que ni se compara con uno, dos, tres, cuatro, o cinco balones de oro. El ex United porta -más bien portará- sobre sus hombros el título y escudo de haber cambiado el fútbol. La forma en que el gol se relaciona con los delanteros. Nada más ni nada menos. 

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(vía manoola87)

(CB) Qué mala educación, qué mal gusto eso de gambetear por gambetear, de sacarse al otro de encima para frenar más adelante, esperar a que vuelva, y volverlo a pasar. ¡Qué necesidad! Por suerte, digo, estas cosas, tan de barrio bajo, tan poco deportivas, ya no se ven más en las canchas. Hacen bien los entrenadores en tirar a estos tipos, supuestamente tan talentosos, a las orillas, a correr como obsesos por las bandas, y quitarles esa libertad que gozaban en esos tiempos cavernosos, oscuros y chascones, donde se jugaba con enganche.
Con enganche, imagínense. Un tipo suelto y libre por la cancha, con la única misión de tener la pelota luego de que sus compañeros se mataran por recuperarla, y tenerla para qué. Decían que para armar el juego, para controlar los tiempos del equipo, para encantar al público con su talento y para anotar muy de vez en cuando algún gol exagerado. Y hacer este tipo de cosas, desubicadas, de humillar al rival para puro goce del  público morboso —el cual, muy probablemente, tenía tan poca clase y educación como el inadaptado del jugador. Gracias a dios, también, la autoridad y las dirigencias se han encargado de limpiar los estadios de esa gentuza, dejándole el fútbol a quienes les pertenece: las familias bien constituidas, capaces de comprar un refresco y la camiseta oficial de cada temporada, que se sientan silenciosas y rubias a disfrutar del espectáculo. Un espectáculo libre de enganches.

(CB) Qué mala educación, qué mal gusto eso de gambetear por gambetear, de sacarse al otro de encima para frenar más adelante, esperar a que vuelva, y volverlo a pasar. ¡Qué necesidad! Por suerte, digo, estas cosas, tan de barrio bajo, tan poco deportivas, ya no se ven más en las canchas. Hacen bien los entrenadores en tirar a estos tipos, supuestamente tan talentosos, a las orillas, a correr como obsesos por las bandas, y quitarles esa libertad que gozaban en esos tiempos cavernosos, oscuros y chascones, donde se jugaba con enganche.

Con enganche, imagínense. Un tipo suelto y libre por la cancha, con la única misión de tener la pelota luego de que sus compañeros se mataran por recuperarla, y tenerla para qué. Decían que para armar el juego, para controlar los tiempos del equipo, para encantar al público con su talento y para anotar muy de vez en cuando algún gol exagerado. Y hacer este tipo de cosas, desubicadas, de humillar al rival para puro goce del  público morboso —el cual, muy probablemente, tenía tan poca clase y educación como el inadaptado del jugador. Gracias a dios, también, la autoridad y las dirigencias se han encargado de limpiar los estadios de esa gentuza, dejándole el fútbol a quienes les pertenece: las familias bien constituidas, capaces de comprar un refresco y la camiseta oficial de cada temporada, que se sientan silenciosas y rubias a disfrutar del espectáculo. Un espectáculo libre de enganches.

(Fuente: daleconcomba, vía daleconcomba)

(CB) Nunca entendí muy bien las razones. Algunos decían que después del Mundial 2002 no volvió a ser el mismo, otros que no se adaptó al país y hasta decían que era de vago, de flojo. Yo no sé. Yo veía que podía jugar perfectamente, que con la número cuatro junto a Roy Keane, cerca de Scholes, combinando con Beckham, asistiendo a Giggs o habilitando a Van Nistelrooy se sentía bien, se veía bien. Lo pasaba bien, al menos.

Yo lo pasaba bien en mi casa, mirándolo los sábados o domingos a la mañana. Viéndolo a Juan Sebastián Verón, la Bruja, el más cuestionado de los jugadores argentinos del último tiempo, culpado él solo de la eliminación en primera ronda de un mundial, perseguido, insultado y destruido por la prensa, por los hincha; por la gente: su gente, su país. Viéndolo a Verón, en el Manchester United de principios de siglo, una máquina inglesa que jugaba no sólo a ganar, como ahora, sino a gustar y a cautivar. A mí, por lo menos, me gustó y me cautivó con goles como este, pase en media cancha a tres dedos rasante de la Bruja, recibe Beckham solo frente a un arquero en retroceso, pidiendo misericordia, pero David y su corte de pelo sonríen y, en un gesto técnico perfectamente cruel, liquidan a ese pobre arquero con un globo exacto.

Nunca entendí muy bien las razones, pero a fines de esa temporada pasó al Chelsea. Algo sucedió, o algo dejó de pasar. Pero nunca más la Bruja fue esta Bruja. Una grandísima Bruja.       

(CB) Cuando en Huachipato jugaban puros inmigrantes italianos, llenos de pinta y facha. Nótese el estadio CAP, sin techo.

(CB) Cuando en Huachipato jugaban puros inmigrantes italianos, llenos de pinta y facha. Nótese el estadio CAP, sin techo.

(Fuente: footballarchive)

(CB) Un túnel como el Lo Prado para Bolatti, cortesía del colombiano Vargas. Independiente 2, Racing 0.

(FJ) Ayer el Milan recordó viejos tiempos de gloria de hace no mucho y batió con merecimiento y argumentos tácticos al mejor equipo del mundo, el de Lionel Messi, el mejor de todos. Fue un 2-0 durísimo de la mano de las anotaciones ghaneses de Boateng y Muntari.
La misión para Barcelona queda más que cuesta arriba de cara a la revancha en Camp Nou. Las poleras de la “remuntat”, que no consiguieron ante el Inter de Mou, volverán a salir al campo por un equipo que prometerá “dejarse la piel” para salir airoso de esta nueva llave ante un elenco lombardo. 
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Y ayer en HoyitoPatada quisimos solidarizar con el sentimiento blaugrana y les anunciamos una historia que invita a la ilusión, a la proeza, a la hazaña. Y de un equipo español ante el mismísimo Milan.
No fue el Real Madrid, ni el Barcelona, ni mucho menos el Valencia en su verano dorado europeo. Esta historia trata del eternamente tosco Deportivo La Coruña, elenco de estirpe laboriosa y republicana, tradicional y de esfuerzo.
Era una llave peleada pero con un favorito claro: El Milan de Carlo Ancelotti, el reciente campeón, el rossonero de la experiencia y de los Balones de Oro. 
Para el Dépor la opción de pasar a semis caminaba lejana con una plantilla por lo menos US$ 200 millones más barata y solamente alimentada por la conquista del reciente campeonato español, más que por nombres y jerarquía, por disciplina táctica, compromiso y agotamiento de un once titular al 120%.
La ida (ver goles) se jugó en San Siro. El incombustible Rifle Pandiani adelantó a los visitantes temprano con un cabezazo a su estilo. Los de Ancelotti no se desesperaron y con las variantes del campeón de Europa fueron para adelante con Pirlo, Gatusso, Seedorf, Kaká, Inzaghi y Sheva. Todos acompañados de Cafú por derecha y una zaga segura con Maldini y Nesta. Poco importaba el recio y limitado Pancaro por izquierda. Dida, el golero brazuca, daba amparo seguro por sus fichas como ataja penales en la reciente final de Champions ante la Juve en Old Trafford. 
Y se vino la tromba. Un espectacular Kaká igualó en el primer tiempo con un soberano golazo tras centro de su socio Cafú. Shevchenko gambeteó a lo Messi y se la calvó a Molina para el 2-1; misma acción repetiría Kaká para el tercero; y Pirlo, con su estilo y perfume, la colgó al último minuto para sellar el 4-1 con un tiro libre de putamadre.
4-1 final. Duro, lapidario, irreversible. Cuando el campeón de Europa te da tal paliza, viniendo de atrás, ya queda simplemente resignarse a darlo todo, pero seguramente irse eliminado. Se apuesta a la dignidad y la hidalguía.
Pero algo pasó. Algo rarísimo. Nunca más volví a ver algo igual. La vuelta fue poco a poco tomando forma por declaraciones, promesas y anuncios. El DT de La Coruña, Javo Irureta, requetecontrajuró que “si remontamos, voy caminando a Santiago”. Trayecto ibérico de 70 kilómetros. Una proeza imposible, impensada, pero razonada cara a cara con lo ilógico, con la esperanza.
En lo futbolistico, que el Dépor derrotara 3-0 al Milan y sin recibir goles era, por lo bajo, inesperado. Por lo cierto, casi imposible. Pero como por algo estamos escribiendo de ésto ya sabrán lo que pasó.
Esa tarde Paco Molina; Manuel Pablo, Jorge Andrade, El marroquí Naybet, Romero; Sergio (Duscher), Mauro Silva; Víctor, JC Valerón (Djalminha, uf Djalminha), Albert Luque (El viejo Fran); y Pandiani, se disfrazaron de inmortales y sellaron la victoria más infartante y maravillosa en la historia de La Coruña. No fueron tres, sino cuatro (Ver goles). 4-0, paliza, raquetazo, bofetada al catenaccio y a la supremacía Milan. Poco importó que los italianos, desesperados, sacaran al débil Pancaro para mezclar su oncena de gala con otro supremo: Rui Costa.
Esa noche hubo fiesta y carnaval en Riazor. Las 30 mil personas bailaron hasta más no poder y reventar sus zapatos. Pero faltaba Javo Irureta, el de la promesa. 
El calvo DT, con España a sus pies, zanjó la deuda en dos tandas. Recorrió los 70 kilómetros con un descanso, pecado mortal para un peregrino. “La próxima vez, apuesto una cena”, lanzó bromista.
Pero el destino cobra. No hubo próxima vez. La Coruña pagó la promesa incompleta de su entrenador y caería en semis ante el Porto de Mourinho en el mismísimo Riazor. Poco importó. La historia y la gloria ya estaban escritas. ¿Ánimo Barcelona?

(FJ) Ayer el Milan recordó viejos tiempos de gloria de hace no mucho y batió con merecimiento y argumentos tácticos al mejor equipo del mundo, el de Lionel Messi, el mejor de todos. Fue un 2-0 durísimo de la mano de las anotaciones ghaneses de Boateng y Muntari.

La misión para Barcelona queda más que cuesta arriba de cara a la revancha en Camp Nou. Las poleras de la “remuntat”, que no consiguieron ante el Inter de Mou, volverán a salir al campo por un equipo que prometerá “dejarse la piel” para salir airoso de esta nueva llave ante un elenco lombardo. 

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(FJ) Un Anti-HoyitoPatada.

(FJ) Un Anti-HoyitoPatada.

(Fuente: honecker, vía enfueradejuego)