(FJ) La vida es injusta y eso no es ningún misterio. Aquél Mundial de Francia 98’ no sólo sirvió para consolidar eternamente a la dupla Za-Sa. No, señor. Hubo un tercer jugador chileno que dio la vuelta al mundo y no precisamente por su buen nivel. Se trata del terriblemente bautizado como Clarence Williams Acuña, esperpento humano nacido en Rancagua en el verano de 1975. O quizás en 1875. Primo hermano de misteriosos animales de la zona y mutación perfecta del legendario y temido 'chupacabras' que asesina a mansalva en las provincias de Chile.
De que era bueno, era bueno. Solidario, aguerrido, aperrado, con despliegue, inteligente y combativo. Las tenía todas al punto que enamoró a Carcuro y fue apodado el ‘socio de todos’, como una prostituta en el campo de juego que cubría las espaldas de Sierra y Estay. Además, obedecía al permear las eléctricas e irresponsables proyecciones del Murci Rojas y de un joven (sí, alguna vez joven) Moisés Villarroel.
Agregó a su aspecto nauseabundo un polémico dóping positivo en sus años en la Universidad de Chile, el cual no le impidió viajar y enrolarse en las urracas del Newcastle. Allí Clarece lo ganó todo: fue elegido reiteradamente el jugador más feo de la Premier League, a tal punto que su aspecto físico fue siempre hermanado con el animal sagrado de su escuadra.
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Sin embargo el 11 de junio de 1998 otro jugador le hizo la seria pelea por el podio al más horrendo del partido. Clarence ganaba siempre, pero aquélla jornada en los pastos de Burdeos el primer lugar se peleó con sangre. Con asquerosa sangre.
En frente estaba el curioso Roberto di Matteo, actual calvo entrenador del Chelsea, imitación miniatura y desfigurada de Guardiola. Si bien el tipo es italiano, en sus venas corre una extraña fusión itálica-suiza que al parecer nunca alcanzó a definirse en rasgos y terminaciones. 
A mí parecer Di Matteo es tétrico. Posee rostro de monje budista adicto al arte sexual del “tantra” y pareciera alarmar con una inesperada eyaculación de litros y litros de semen. Cataclismo sin precedentes.
Como casi siempre, Di Matteo poco pudo hacer para cambiar el partido. En cambio, Clarence se lo jugó a mil por hora, incluso clavando una asistencia formidable a Marcelo Salas en el segundo gol.
Italia empató porque es Italia, y Clarence nunca pasó a la historia por ser de Chile. Hoy Di Matteo, feo, asqueroso y vomitivo, dirige al Chelsea porque se hizo emblema del club y porque es italiano. Clarence se viste con parkas celestes y su triple pera hace pensar que ese dóping del año 2000 fue más cierto que falso.
No te desanimes, Clarence. Sigue trabajando que tu oportunidad ya va llegar. Al menos eres gerente deportivo y a Di Matteo solamente le alcanza con ser DT.

(FJ) La vida es injusta y eso no es ningún misterio. Aquél Mundial de Francia 98’ no sólo sirvió para consolidar eternamente a la dupla Za-Sa. No, señor. Hubo un tercer jugador chileno que dio la vuelta al mundo y no precisamente por su buen nivel. Se trata del terriblemente bautizado como Clarence Williams Acuña, esperpento humano nacido en Rancagua en el verano de 1975. O quizás en 1875. Primo hermano de misteriosos animales de la zona y mutación perfecta del legendario y temido 'chupacabras' que asesina a mansalva en las provincias de Chile.

De que era bueno, era bueno. Solidario, aguerrido, aperrado, con despliegue, inteligente y combativo. Las tenía todas al punto que enamoró a Carcuro y fue apodado el ‘socio de todos’, como una prostituta en el campo de juego que cubría las espaldas de Sierra y Estay. Además, obedecía al permear las eléctricas e irresponsables proyecciones del Murci Rojas y de un joven (sí, alguna vez joven) Moisés Villarroel.

Agregó a su aspecto nauseabundo un polémico dóping positivo en sus años en la Universidad de Chile, el cual no le impidió viajar y enrolarse en las urracas del Newcastle. Allí Clarece lo ganó todo: fue elegido reiteradamente el jugador más feo de la Premier League, a tal punto que su aspecto físico fue siempre hermanado con el animal sagrado de su escuadra.

Sin embargo el 11 de junio de 1998 otro jugador le hizo la seria pelea por el podio al más horrendo del partido. Clarence ganaba siempre, pero aquélla jornada en los pastos de Burdeos el primer lugar se peleó con sangre. Con asquerosa sangre.

En frente estaba el curioso Roberto di Matteo, actual calvo entrenador del Chelsea, imitación miniatura y desfigurada de Guardiola. Si bien el tipo es italiano, en sus venas corre una extraña fusión itálica-suiza que al parecer nunca alcanzó a definirse en rasgos y terminaciones. 

A mí parecer Di Matteo es tétrico. Posee rostro de monje budista adicto al arte sexual del “tantra” y pareciera alarmar con una inesperada eyaculación de litros y litros de semen. Cataclismo sin precedentes.

Como casi siempre, Di Matteo poco pudo hacer para cambiar el partido. En cambio, Clarence se lo jugó a mil por hora, incluso clavando una asistencia formidable a Marcelo Salas en el segundo gol.

Italia empató porque es Italia, y Clarence nunca pasó a la historia por ser de Chile. Hoy Di Matteo, feo, asqueroso y vomitivo, dirige al Chelsea porque se hizo emblema del club y porque es italiano. Clarence se viste con parkas celestes y su triple pera hace pensar que ese dóping del año 2000 fue más cierto que falso.

No te desanimes, Clarence. Sigue trabajando que tu oportunidad ya va llegar. Al menos eres gerente deportivo y a Di Matteo solamente le alcanza con ser DT.

  1. hoyitopatada ha publicado esto